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LA MUJER JAPONESA SEGÚN EL ANIME

Columna: La mujer japonesa según el anime

Nuestra colaboradora Saya DeLarge regresa con un nuevo artículo donde reflexiona sobre el concepto de la mujer japonesa en la sociedad y cómo es plasmada en el anime y en el manga.

¡Aquí os dejamos con su reflexión!


Navegando por la red encontré una noticia publicada en Kotaku sobre la polémica respuesta de Eiichiro Oda a un fan que le preguntó cómo dibuja a sus personajes femeninos. A esta pregunta, el autor de "One Piece" contestó de la siguiente manera: «Las proporciones de las mujeres consisten en tres círculos y una X. Por favor, tenlo en cuenta y dibújalas así»

Entiendo que los mangakas deben pensar en técnicas de dibujo muy creativas para entregar un producto de excelente calidad en poco tiempo. Pero... ¿Era necesario dar una respuesta tan carente de profesionalidad? ¿Acaso el concepto de ser “mujer” se reduce a un par de senos enormes y una cintura pequeña? 


Yamato Nadeshiko Shichi Henge anime
"Yamato Nadeshiko Shichi Henge", de Tomoko Hayakawa: ¿Hasta qué punto verse hermosa genera bienestar en una mujer?

Desde tiempos remotos, diversas culturas han moldeado a la mujer –y también al hombre–  con atributos físicos y emocionales que son considerados agradables en la sociedad que habitan. Mientras que los árabes prefieren a las mujeres de piel morena, cabello oscuro y ojos claros –perfil que esta servidora cumple a cabalidad–, la sociedad japonesa estableció que la mujer ideal debe reunir las siguientes cualidades: equilibrio, decoro, amabilidad, orden, gentileza, elegancia, humildad, paciencia, virtud, respeto, benevolencia, honestidad, caridad, piedad y fidelidad. Todas ellas van de la mano con la femineidad, pureza y belleza que irradia el clavel Nadeshiko. 

De ahí viene la expresión Yamato Nadeshiko (やまとなでしこ ó 大和撫子), una figura diseñada para agradar las miradas masculinas y mantener la estabilidad familiar. También estaba incluido el Onna-daigaku (Manual de la mujer), que debía ponerse en práctica en caso de contraer matrimonio; este concepto se traducía en obedecer sin cuestionar a las tres figuras masculinas más importantes del núcleo familiar: padre, esposo e hijo.

No obstante desde mi perspectiva occidental, cumplir estos principios debe de ser muy abrumador e imposible de satisfacer para toda mujer, sin importar su nacionalidad. 


Cuando la bomba atómica destruyó las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, varias mujeres  hibakusha –supervivientes de ataques nucleares– fueron rechazadas por sus familiares debido a las secuelas que dejó la tragedia en sus pieles. Una de ellas fue Shizuko Abe, quien vivió en carne propia el rechazo de su suegra, quien le decía a su hijo que se divorciara de ella, ya que Abe no era una mujer “completa”. Lo bueno es que él rechazó su opinión y siguieron casados hasta su muerte en 1992.

Shizuko Abe, superviviente de la bomba de Hiroshima
Shizuko Abe, superviviente del ataque a Hiroshima, revienta el concepto de la Yamato Nadeshiko.

Mientras tanto, en el hemisferio occidental durante los años sesenta, las mujeres dejaron a un lado el estereotipo delicado y frágil para desarrollar una apariencia más fuerte y auténtica, acompañada de opiniones objetivas sobre nuestro cuerpo, la cantidad de hijos a engendrar y lo que deseamos en nuestro estilo de vida. 

En el caso de la mujer japonesa, el cambio se vio reflejado en la década de los setenta con su incursión en un ámbito laboral incompleto e implacable, acompañado de una sociedad machista. Sin embargo, fue en la crisis económica de los noventa cuando la mujer empezó a sacar pecho, a pesar del acoso sexual y las humillaciones que debía enfrentar en sus puestos de trabajo.

Lo anterior surgió porque los hombres perdieron sus empleos y como resultado, se vieron obligados a vivir en la calle; por lo tanto, la vergüenza que sentían era la excusa perfecta para abandonar sus deberes en el hogar. Cabe señalar que esta crisis sacó a relucir una faceta desconocida en la mujer japonesa. Utilizaron esa determinación que las caracteriza y, una vez mejorada la situación económica en Japón, ellas decidieron recorrer varios países europeos y americanos con el fin de adquirir nuevos conocimientos y una identidad auténtica, capaz de romper los moldes impuestos por sus familiares y la sociedad nipona. 

Cabe concluir que el anime tuvo una evolución similar a la sociedad japonesa y gracias a estudios de animación como Ghibli y autoras de manga como Yumiko Igarashi, Yana Toboso y Hiromu Arakawa, vemos mujeres reales y animadas capaces de escribir su propia historia, bajo sus propias reglas.

Autora: Saya DeLarge


Y aquí concluye la reflexión de nuestra nueva colaboradora. ¿Qué os parece? ¡Dejadnos vuestra opinión en los comentarios!

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